El Gato que juega con el Pastor Aleman

Siempre he pensado que las cosas más extrañas suceden en este mundo nuestro… y como cada hogar contribuye a la locura colectiva de nuestro pequeño globo terráqueo… creo mi aporte en este carrusel de tornillos sueltos es  a traves  de mi pequeño gato montés.

Me explico, tengo un gato como mascota, al que llamamos Gato, le explicaría más ampliamente, pero la historia se nos haria muy larga. Bueno, Gato tiene un gran parecido con un gato montés, por sus excelentes habilidades felinas, que van más allá de las de una simple mascota.

“Gato” llego a mi casa siendo un gatito de 2 meses, gritón, molestoso y glotón. Al momento se convirtió en la felicidad para los niños. Imagínense, un gatito peludo, cariños y pequeño, la delicia de un niño…sobre todo para unos niños acostumbrados a perros grandes fue toda una bendición. No sé si ya  les había comentado,   tengo dos pastores alemanes, muy simpáticos ellos, pero pastores alemanes al fin. 

Mi querido Gato logro entablar amistad con uno de los perros, el macho que está en el patio trasero, su nombre es Clifford. Después de algunos sustos y múltiples intentos, se hicieron amigos.

Empezaron jugando a que el perro no se comía al Gato. Luego el pequeño gatito hizo varios intentos para salir al patio y probar algo de suerte. Se paraba frente a la puerta de la cocina y miraba hacia afuera, toda esa naturaleza inaccesible y el dentro de aquellas cuatro paredes de la casa.  No, en verdad no parecía muy divertido. El gato fue creciendo y sus intentos por salir al patio se hacían más creativos y con grandes éxitos.

Su primer encuentro con el perro fue todo un evento. El ser joven e inmaduro le permitió tener un acercamiento sin ningún tipo de prejuicios. Tales como, el perro es un excelente cazador de roedores. Oh, el perro por naturaleza odia a los gatos…. o, este perro podría devorarme en su primer intento. No, Gato no tenía miedo alguno, pues no entendía que hubiese algún peligro.

Clifford, sin embargo no tenía el mismo espíritu de aventura y podía reconocer a una presa en cuanto la viera. Además, el gato vino a ocupar un lugar que antes le pertenecía a él. Ya no había cariños en la mañana cuando le daban su saludo matutino, de hecho, ya no había saludo matutino. Ahora todo era: Hola gatito lindo. Tienes hambre gatito lindo?.. Oh pero si es un gatito lindo lindo. Cuando el perro ladraba en señal de reclamo, le reganaban como a todo perro pulgoso. No- pensó el perro- ese gato era sinónimo de problemas.

Increíblemente, como todo en la vida, las cosas cambiaron. Gato y Clifford se han hecho tan buenos amigos, como 2 bebedores en un bar. Juegan como dos iguales y quien los ve no podría evitar pensar que si un perro tan grande y un gato tan peludo se hicieron amigos…muchas cosas en este pequeño mundo que compartimos pueden cambiar.

Recuerden que no solo se juega como buenos hermanitos, jugar como perro y gato ya no es lo mismo que pelearse.

Feliz resto del día, disfruta tu café.

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